junio 06, 2014

Duendes o angelitos: Avatares de los inocentes fallecidos

El velorio de la guagua.  Manuel Alzamora (1944). Tinta sobre papel, 26.5 x 31 cm.

Mi interés por la fotografía recaló el año pasado en un pequeño libro sobre el ritual popular ante la muerte de infantes. Expresado principalmente a través de la imagen y el sonido, la primera en la pintura y (cuando comenzó a masificarse a mediados del S. XIX) la fotografía post-mortem, y la segunda en el poema cantado y el baile, éste presentaba a primera impresión una desconcertante fiesta de despedida.  Santos inocentes, tránsito de imágenes,  de Daniel Contreras y Sophia Durand (Lima, 2009) empieza con un triste poema:

Este niño se ha dormido
aunque no lo quería
despertando mi congoja...
¡ay, él no lo sabía!

Para siempre así dormido
hace mi padecimiento...
¡yo que venía en su busca
con una canción y un cuento!

Mi ensueño en su sueño teje
no sé qué melancolía...
que me haría triste y cuanto
de seguro él no sabía...

(Luis Valle Goicochea.  Al oído de este niño)


El trabajo se centra sólo en un aspecto del  ritual:  la producción, función y lento olvido y deterioro a través del tiempo, de las  fotografías post-mortem colocadas en las lápidas  del pabellón de Santos Inocentes del Cementerio Presbítero Maestro de Lima.  Al esbozar de manera muy general el contexto histórico-social  en que se realizaron  estas prácticas fotográficas, con algunos ejemplos del aspecto festivo que tenían los velorios en  Cajamarca, Ayacucho, Trujillo y Lima (pp. 26-28), asomó evidente una amplia faceta de nuestra historia cultural cada vez más sumida en el silencio del pasado por haber sido poco investigada: el velorio y entierro de angelito.  

Entierro de un angelito (El Peru Ilustrado.  Lima, año 1, N° 4, jun. 1887, p.  9)

Hasta hace  muy pocas décadas y aún hoy, en zonas sub-urbanas y rurales de aguda pobreza, la mortalidad infantil ha formado parte natural de la vida de las familias (dicho sea de paso, no sólo en Hispanoamérica sino en el mundo, incluida Europa).  Hasta inicios del siglo XX, cuando las infraestructuras sanitarias modernas y los servicios básicos de salud  aún no llegaban a las ciudades más importantes, esta alta mortandad rebasaba el factor de la pobreza afectando también  a familias de clase media e incluso alta.   Este problema socio-económico tan evidente siempre activó el debate teológico católico sobre cuándo empieza a existir el espíritu en el ser en formación (desde el vientre de la madre), y sobre cómo afrontar  la muerte prematura de seres  apenas nacidos o de muy pocos años de edad, cuando no han podido desarrollar  completamente su conciencia y su espíritu (hasta aproximadamente los 7 años), y en el peor de los casos, no han llegado a ser bautizados. El temor a que la criatura no bautizada, más aún si era producto de un pecado, no pueda llegar al cielo y termine convertida en duende (habitante del Limbo, una dimensión escatológica que ha ido siendo relegada del dogma católico contemporáneo, acaso entre otros motivos, para flexibilizar la misericordia divina hacia seres tan inocentes y de paso, inhibir supersticiones), asoló por siglos a los fieles, que se esmeraron en bautizar a la brevedad posible a sus hijos recién nacidos.  Esta práctica fue permanentemente  propiciada por los sacerdotes ordinarios, al punto de permitir, dada su poca presencia en vastas zonas geográficas, que el agua bautismal sea suministrada por laicos (bajo la forma de agua del socorro), generalmente los padrinos de la wawa.



[testimonio de dos viajeros]

Funérailles d'un negrillón á la mampuestería, prés Trujillo 
(Wiener 1880 : 95)

Es natural que las costumbres populares en la zona de Trujillo sean variadas, ya que los mulatos, que  son la principal población de Mansiche, difieren en todos los aspectos de los negros de Santiago de Cao de los alrededores de la manpuestería [... la  manpuestería, cerca de Trujillo es el punto donde se encuentran grandes obras de irrigación antiguas bien conservadas], y de los habitantes de Moche y de Huanchaco. Cada una de estas regiones ofrece espectáculos especiales. / Así, la primera vez que fuimos a la manpuestería nos topamos con el cortejo fúnebre de un negrillo / ¡Qué cosa más triste un funeral como este! Hay que recordar en primer lugar que la muerte transforma al pobre pequeño en un angelito del cielo que va a orar ante su santo patrón (Dios) por los que se quedaron en la tierra. Así, después de su muerte, su cuerpo es atado a una silla, se le fijan en la espalda dos alas de papel armadas a veces con las alas de una lechuza,  se le pone una corona de flores en la cabeza, se le coloca sobre una mesa alrededor de la cual se comienza a bailar y cantar; en los interludios beben y devoran platos muy condimentados con ají que excitan la sed. Al día siguiente cargan procesionalmente al pequeño cadáver a casa de los familiares cercanos , y de los amigos, y en cada casa reinician las mismas escenas de orgía. / En varias ocasiones me he encontrado en presencia de estos grupos celebrando la muerte de un niño con estos funerales alegres. La pequeña cabeza rizada del cadáver, por efecto de las sacudidas de los bailarines borrachos que llevaban la silla se balanceaba de derecha a izquierda, de adelante hacia atrás; se diría que iba a desprenderse del tronco y caer en medio de estos energúmenos. Los gritos,cantos, risas roncas y  juegos de los bailarines hacían un ruido escandaloso, en contraste con la calma rígida del pequeño muerto, en el que la movilidad de la cabeza le prestaba una apariencia de vida, y que atado a la silla, parecía sufrir en silencio./ La fiesta terminaba solamente cuando el ángel comenzaba a incomodar a los amigos por su descomposición.  Entonces le llevaban al panteón, como se le llama en Perú al cementerio...  
(Charles Wiener.  Pérou et Bolivie.  París :  Libraire Hachette et Cie, 1880,  pp. 94-96) (1)


La población es profundamente católica, y los sentimientos cristianos a veces surgen de una manera conmovedora: así por ejemplo, cuando un joven o una joven comparecen ante el tribunal, el juez no dejará de preguntarles: "¿Por qué no consultó a la otra madre que se le dio en su bautismo? ¿Por qué no consultó a su madrina?". Pero al mismo tiempo, sobre todo en las clases más bajas, hay mucha ignorancia y superstición. Una mañana me despertó un ruido extraño. Era una mezcla de gritos bastante curiosa, gritos alegres y canciones lastimeras, acompañadas de una vihuela y otros instrumentos primitivos. Corrí a la ventana y vi una procesión desordenada de cholos, negros, mulatos.  Hombres, mujeres, niños, todos cantaban, saltaban y fumaban. Un hombre fuerte llevaba triunfalmente sobre sus hombros una estatua atada a una silla y decorada con grandes alas de papel y todo tipo de flores. ¿Qué podría significar esta singular procesión? Intrigado y empujado por una curiosidad irresistible, pedí explicaciones a mi anfitrión. "¿Usted no sabe -dijo-  la costumbre de los indios y los negros en este país?  Lo que ha visto no es una estatua: es un pequeño niño que van a enterrar. Es un angelito que ascendió a los cielos y sus padres celebran su muerte. Esta noche ha sido para ellos una noche de alegría y placer, ¡una noche buena! y han celebrado a su manera, es decir, emborrachándose". Fue suficiente. Me apresuré a ir para ver la extraña procesión. ¡Voilá!. Entraron a una casa; colocaron al angelito sobre una mesa y se arrodillaron para invocarlo. Luego se pusieron a cantar y a vaciar unos vasos de chicha, y a comenzar de nuevo. Y así por tres veces los curiosos peregrinos se detenían con familiares y amigos para mostrarles su angelito y dejar que ellos celebren, inter pocula, su felicidad celestial. Finalmente llegaron al panteón y después de haber enterrado al niño, fueron a una fonda cercana para coronar la triste celebración de esta fiesta...
(Huit Moins sur les deux océans / Voyage D'Étude et D'Agrément.  U. Mac-Érin.  Tours : Alfred Cattier éd., 1897, pp. 266-267(2)



Asegurado el pronto bautizo, limpiador de pecado original, la infortunada criatura fallecida podía recibir un rito de pasaje propiciatorio para su arribo directo al cielo.  La  limpieza de su almita así lo permitía, por eso se le vestía de angelito (con traje blanco, corona de flores y alitas de plumas, cartón u otro material) y se le colocaba bien amarrado para que no se caiga, en una especie de silla o trono (en otros casos iba simplemente en su pequeño cajón blanco), la cual a su vez, iba sobre una mesa cubierta de flores y velas, en un recinto  acondicionado a manera de altar para velarlo toda la noche con recitados, bailes, libación de licores e ingesta de alimentos.  Los padres y concurrentes debían inhibirse de mostrar tristeza y lloro, antes bien debían celebrar que alma tan pura interceda en el cielo por ellos.  El rito era vespertino y nocturno, para al clarear del día siguiente, realizar una procesión por el vecindario (cantando y bailando, con los padrinos cargando a la criatura) antes de dirigirse al camposanto. Todo esto conjuraba el peligro de que la almita sea atrapada en la ambigüa dimensión del  limbo y termine convertida en duende.   En algunos casos la fiesta se prolongaba varios días, haciendo itinerar el cuerpecito por las casas de los vecinos que así lo solicitaban; ¿para  asegurar el buen arribo celestial? ¿para recibir el beneficio protector también? ¿como pretexto para desfogar tensiones sociales? ¿resabio pagano? ¿todo a la vez? lo cierto es que esto horrorizó no poco a los viajeros europeos  y a las autoridades oficiales de turno que lo expectaron. 

Esta práctica sobrevivió en la misma ciudad de Lima y ciudades de provincias hasta inicios del siglo XX.  En pueblos y zonas rurales ha subsistido más tiempo, y  aún hoy la podemos ver como práctica de cultura viva en la región  andina (Ayacucho, Apurímac, Cusco, Puno, Arequipa...).  

El velorio.  José Effio (Lima, 190?, col. privada)

Los poemas recitados,  los bailes y los alimentos de este rito han reflejado la idiosincracia propia de cada pueblo en el mundo hispanoamericano.  Se pueden mencionar entre muchos, los cantos (lúdicos) de Baquiní  o Baquiné en la zona del Caribe (Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, República Dominicana, Haití), el ritual colombiano Bundé de angelito, Mampulorio, Chigualo, Angelito bailao o Muerto-alegre,  el ritual venezolano de Mampulorio o Chigualo o Baquiné, el ritual valenciano (España) llamado Aurora, el Velorio de Angelito en Chile y Argentina, el Wawa velorio en Ecuador, el Rito de Angelito o la Muerte niña en México, el Velorio de los angelitos (con su Baile del tambor) en Islas Canarias, etc.  En el caso de la costa peruana,  tenemos por ejemplo los Sepelios de párvulos y los  Velorios de angelito, en que fueron recurrentes los tonos de villancico y los cantos y bailes de pañuelo (zamacuecas, marineras), mientras en la sierra tenemos por ejemplo los ritos  Alma wawa, Wawa pampay, Wawa wañuy, en que han sido recurrentes los ayatakis, harawis y wayños.

Esta centenaria tradición ritual en proceso de desaparición ante la presión modernizadora, desacralizadora y estandarizadora de la globalización, tiene indudable origen hispánico, toda vez que fue propiciada por la Iglesia católica como mecanismo de control social.  Reflejo de diferentes formas de violencia estructural -que vienen desde antes de la conquista de América-, la alta mortandad infantil debía resolverse con estos medios de desahogo espiritual ante la incertidumbre y la angustia que ocasionaba  la frecuente pérdida de almas tan tiernas y vulnerables, más aún en un medio como el nuestro siempre  propicio a la superstición, como la creencia en espíritus, aparecidos y duendes (recordemos por ejemplo la creencia aún viva  entre nosotros de la amenaza del mal de ojo a las wawas tiernas, que deben ser protegidas con pulserita de huayruros o de algún otro material rojo).  Intuyo por ello indicios de elementos paganos de origen popular en su constitución.  En América esto debió hacerse aún más complejo con la influencia del imaginario religioso de origen africano e indígena en los rituales, como podemos atisbar claramente en los ejemplos aquí ofrecidos.

Wawa Pampay 
Cuando mueren niños entierran con suma alegría, cantan bailan, consideran Dios Madre Tierra se ha recogido, piensan que no padecerán en este mundo cruel lleno de engaños, papás, padrinos y familiares festejan haber enviado al mundo eterno de Apu Suyos (Tabla de Sarhua - Ayacucho)


Voy a detenerme, gracias a los medios que ofrece la red, en algunos casos de supervivencia de estas prácticas rituales en la zona surandina peruana:


1.

Wawa wañuy - huayno
Coro Nativo de Lari (Caylloma - Arequipa)
Canto a mi tierra  (Audios completos)
Patrocinado por el Proyecto de Desarrollo Integral Patrimonio Cultural Colca - AECID
subido por AUTOCOLCA PERU

Allinta waway wañukun
clavel huertas challay
mañana t'anta niwan q'añachu
clavel huertas challay

Allinta waway wañukun
clavel huertas challay
Mañana quesota niwan q'anachu
clavel huertas challay

Allinta, allinta waway wañukun
clavel huertas challay
mañana wasita, chaqrata niwan q'anachu
clavel huertas challay

Allinta allinta waway wañukun
clavel huertas challay
mañana wasita, chaqrata niwan q'anachu
clavel huertas challay

Pedro Aragón Silloca (del Coro Nativo de Lari): "Wawa wañuychikuy significa que una familia ha perdido a su hijo de tierna edad, y por lo tanto esta criatura no lo lleva en un cajón sino en una silletita bien adornadito de flores, y lo llevan pues en brazos hasta el cementerio.  Ya en el cementerio lo entierran a esa criatura tierna, y bueno, después de enterrarlo le damos su responso, rezamos, todo, como de costumbre.  Una vez que haya pasado el entierro nos retiramos del cementerio. Al venir del cementerio, los padres o familiares vienen cantando diciendo 'bueno, en buena hora que ha muerto mi hijito, ya no me va a pedir ni pan ni queso' y la otra segunda también dice 'en buena hora que ha muerto mi hijito ya no me va a pedir ni casa ni chacra, en buena hora que ha muerto mi hijo' esa es la interpretación del wawa wañuychikuy,  por lo tanto vienen bailando del cementerio a la casa del difunto ¿no?, y es costumbre, vienen agarrándose de la mano los padres y los demás familiares, y esa canción que dice wañuychikuy lo vienen cantando, bailando.  Esa es la costumbre tradicional de una criatura de tierna edad, así digamos un año, año y medio, dos años..." 


2.
Wawa pampay - huayno
Hermanas Ascarza  (Ayacucho) 
subido por Papicha10


Wawa pampay 

[Diálogo inicial]

Cielo ripuq wawallaywan 
¿maypiñam tupamurqanki?

Ñuqaqa tupamurqani 
Gloria patachallanpi  
Nuqaqa tupamurqani 
Gloria yaykukuchkaqwan 

[despedida y encargo de la wawa]

Waytachallay 
rosaschallay 
Kayqaya ripuchkaniña 
Waytachallay 
rosaschallay 
kayqaya pasaschkaniña 
Qamllam arí mamallayta 
qamllam arí taytallayta
Madrinaypa padrinuypa 
pachacha churallawasqan 
Chayllatam apachakuni 
sumaqllatam apakuni 
Mamallaypa taytallaypa 
pachacha rantipuwasqan 
Wayunachanpim saqiykapuni 
warkunachanpim dejaykapuni 


Entierro de wawa

[Diálogo inicial]

Con mi wawita que se va al cielo, 
¿dónde te encontraste?

Yo la encontré 
en el umbral de la gloria [el cielo]
yo la encontré 
ingresando a la gloria [el cielo]

[despedida y encargo de la wawa]

Florcita mía, 
rosita mía, 
ahora ya estoy de viaje
florcita mía, 
rosita mía, 
ahora ya me estoy yendo
por eso te encargo cuides a mi madre, 
por eso te encargo guardarle a mi padre 
De mi madrina, de mi padrino, 
las ropitas me pusieron 
esas no más me llevo, 
tapándome bien mi cuerpo
De mi madre, de mi padre 
las ropitas que me compraron 
en su colgadorcito las he puesto,
así colgadas las he dejado


3.
Wawa wañuy - harawi y huayno
Voz: Victoria Enriquez Escobar (centro poblado Tinquerccasa - Huancavelica)
Chopccam kani (Lima Instituto Nacional de Cultura, 2009, folleto + 3 DVD con 38 canciones)





4.

Entierro de niño
Poblador  Pusalaya (distrito de Chucuito, departamento de Puno), canto con charango.
Grabado por Sebastiano Sperandeo en octubre 1984 
Peru: Andean music of life, work, and celebration (New York y Lima :  Smithsonian Center for Folklife and Cultural Heritage, Fundación Ford & Archivo de Música Tradicional Andina,  2015,  folleto + CD con 40 surcos ]



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(1) ...Il est du reste naturel que les costumes populaires dans la région de Trujillo soient variées, car ces mulátres qui forment la principale population de Mansiche se distinguent en tous points des nègres de Santiago de Cao, des environs de la manpuestería [...La manpuestería prés de Trujillo est le point oú se trouvent les grands travaux d'irrigation encore bien conservés des anciens], et des habitants de Moche et de Huanchaco.  Chacune de ces régions offre des spectacles particuliers./  Ainsi, la prémière fois que nous nous rendimes à la manpuestería nos rencontràmes le cortège funèbre d'un négrillon./ Quelle triste chose qu'un enterrement pareil!  Il faut rappeler tout d'abord que le trépas transforme le pauvre petit en ange du ciel qui va prier auprès de son patron pour ceux qui sont restés sur le terre.  Aussilôt après sa mort, on attache le corps sur une chaise, on fixe à son dos deux ailes en papier montées parfois sur des ailes de chouette, on lui met une couronne de fleurs sur la tête, on le place sur une table autour de laquelle on se met à danser et á chanter; dans les intermédes, on boit et on dévore des platas fortement pimentés qui excitent encore la soif.  Le lendemain  on porte processionnellement le petit cadavre chez les proches parents, puis chez les amis et dans chaque maison recommencent les mêmes scènes d'orgie./ A plusieurs reprises, je me suis trouvé en présence de bandes fêtant la mort d'un enfant par ces joyeuses funérailles.  La petite tête crépue du cadavre, par l'effet des cahots des danseurs ivres qui portaient le siège, retombait de droite à gauche, d'avant en arrière.  On aurait dit qu'elle allait se détacher du tronc et rouler aun milieu de ces énergumènes.  Les cris, les chants, les rires enroués, les gambades des danseurs, faisaient un bruit scandaleux, contrastant avec le calme rigide du petit mort, auquel la mobilité de la tête prêtait une apparence de vie et qui, attaché sur sa chaise, semblait souffrir en silence./  La féte finit seulement lorsque l'ange commence á incommoder ses amis vivants para sa décomposition.  Alors on le porte au panthéon, comme on appelle au Pérou le cimetière...

(2) La population est profondément catholique, et ses sentiments chrétiens se manifestent parfois d'une manière touchante: ainsi, par exemple, qu'un jeune homme ou qu'une jeune fille viennent à comparaître devant les tribunaux, le juge ne manquera pas de lui demander: "Pourquoi n'avez-vous point consulté cette autre mère qui vous a été donnée à votre baptême? Pourquoi n'avez-vous pas consulté votre marraine?" Mais il y a en même temps, surtout dans les basses classes, beaucoup d'ignorance et de superstition. Un matin je fus réveillé à Lima par un bruit  trange. C'était un mélange tout à fait curieux de cris, de clameurs joyeuses et de chants plaintifs, accompagnés d'une viguela et d'autres instruments primitifs. Je courus à la fenêtre: je vis alors une procession désordonnée de cholos, de nègres, de mulâtres. Hommes, femmes, enfants, tout chantait, sautait et fumait. Un homme vigoureux portait triomphalement sur ses épaules une statue attachée à un fauteuil et décorée de grandes ailes en papier et de toutes sortes de fleurs. Que pouvait signifier cette singulière promenade? Intrigué et poussé par une invincible curiosité, je vais demander des explications à mon hôte. "Vous ne connaissez donc pas, me dit-il, l'habitude des Indiens et des nègres dans ce pays? Ce que vous avez vu n'est point une statue: c'est un petit enfant que l'on va enterrer. C'est un angelito qui est monté au ciel; aussi ses parents fêtent-ils sa mort. Cette nuit a été pour eux une nuit de joie et de plaisir, une noche buena! et ils l'ont célébrée à leur manière, c'est-à-dire en s'enivrant."  J'en savais assez. Je sors précipitamment pour rejoindre l'étrange cortège. ¡Le voilà!. Il entre dans une maison; on dépose l'angelito sur une table et on s'agenouille pour l'invoquer. Puis on se met à chanter et à... vider quelques verres de chicha, et on repart. Et ainsi par trois fois, ces curieux pèlerins s'arrêtent chez des parents et des amis pour leur montrer leur angelito et leur faire célébrer, inter pocula, son bonheur céleste. Enfin ils arrivent au panthéon et, après y avoir enseveli le petit enfant, ils vont dans une fonda voisine couronner les tristes réjouissances de cette fête.





//marcela cornejo d.



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Enlaces 

Velorios de angelitos: una ofrenda ritual a la muerte - Tradiciones fúnebres de angelitos con énfasis en Chile, Venezuela, Puerto Rico, Argentina y Canarias -  entrevista a Montse Ferrer (Islas Canarias)
No es permitido de Dios  que esa flor permaneciera - Danielo Petrovich y Daniel Gonzáles (Chile)
El Velorio de los angelitos (Islas Canarias)
La muerte niña  - Luz María Rivera (México)
La sorpresa del Velorio del Angelito - Rafael Tobías R. (Argentina)
Velorios con música y baile - Carlos Zubizarreta (Paraguay)
Angelitos: altares y entierros domésticos  - César Iván Bondar  (Paraguay y Argentina)
Escenas thanatosemioticas.  Provincia de Corrientes, Argentina - Cesar Iván Bondar
Wawa pampay : tanatología infantil quechua - Alfredo Alberdi Vallejo (Perú)
La fiesta del angelito, ritual funerario para una criatura  (pp. 195-213) - Nanda Leonardini (Perú)
Angelitos.  En: Velaciones  andinas en el Bajo Piura - Anne-Marie Hoquenghem (pp. 5-7)
Wawa pampay
Meme Neguito - Nicomedes Santa Cruz (décima compuesta a la muerte de un infante, desde la cultura afroperuana)
¿Qué ha quedado del Limbo?